22.1.13

De gira por las callejuelas de Valpo



Paseo del Cerro Concepción

Arriba, tras cordillera, el Pacífico. Llegamos hace una semana con los libros, el taller y otras cosas en las mochilas. Valparaíso parece ser el laberinto perfecto para perderse con ganas. Lo saludable sale barato: frutas y pescados. Vendemos libros en plazas, bares, veredas de ferias del libro, playa, puerto, etc. Buscamos contactarnos con escritores, editoriales pequeñas y artesanales, personajes, historias profundas y lugares mágicos. Ya conocimos la hospitalidad de los porteños: vendedores de libros leídos como Bernardo, el jipi; o Yuri Zuñiga, candidato a alcalde de izquierda y vendedor ambulante; los amigos de Kiltra, Daniela y Manolo; nuestro anfitrión primero: el profe de historia Daniel y sus extensas conversaciones todo terreno.

Muchos bares y muchas subidas. Gente con diversos acentos. Un micro no es lo mismo que un colectivo: el transporte público funciona y es raro y bacán. Las pantorrillas trabajan al son de la bohemia y el trabajo independiente. Hace una semana que el sol casi ni se asoma. Pero estos ya parecen ser los caminos de Latinoamérica...  


21.1.13

Presentación de "Apostillas para un nuevo fin del mundo" de Ariadna Sasso

Foto: Fabricio Serafino
Foto: Fabricio Serafino
Foto: Fernando Facchín










































"Por las provincias de la región de Cuyo lo único que se ve sin problemas de interpretación son las estrellas", había dicho Ariadna. Llegamos a la Casa de Sudamericaneros con una camioneta cargada a más no poder con parlantes, libros y títeres de mano. Carla y Melina ensayaban, en el calor infernal del patio, la obra de teatro que habían tramado a partir del libro de Ariadna. Nuestro amigo Guillermo, diestro chofer, no tardó en destapar una cerveza. Descargamos los equipos (con sumo cuidado manipulamos el "Pequeño dylaniano") y nos pusimos a armar. Pronto llegarían Juan y A la voz de ahura, la banda de sonido de nuestras expectativas románticas. Dispusimos, en tres piezas de la casa, parlantes que sacaban por las ventanas que dan al patio el audio de algunos textos sassorianos de genio indiscutible. Sólo faltaba ese tirano servicial y necesario al que nos debemos por completo, el inestimable Público. De a poco las mesas se fueron rodeando de amigos expectantes y todo fluyó. Muestra cabal del poder hipnótico del arte en vivo, la escultura en arcilla basada en el microrrelato "Amigos" atrajo todas las miradas. Carla y Melina interpretaron  "Autobiografías portátiles", "Cumpleaños", "Cómo vendí a mi gato en un programa de fast shop" y "Un relato fantástico". Aplauso cerrado, pura belleza. Muy lejos de las habituales imposturas, Ariadna agradeció el cariño de quienes la admiramos. Gracias, amigos, por estar ahí.